La venganza de Mara

La cantante Madame Mara tenía un marido con un serio problema con la bebida. Ella era quien sostenía la casa y durante años soportó su comportamiento en silencio.

Al final, el rey se enteró. Para castigar al marido, lo apartó del puesto de violonchelista en la orquesta de la corte y lo “ascendió”—cruelmente—a tocar el bombo en una banda de regimiento. Mara decidió no tragar la humillación: se vengaría del rey con lo único que tenía, su voz.

Poco después, el heredero ruso (el zarevich) visitó la corte prusiana y se organizó un gran concierto en su honor. A Mara se le ordenó cantar. Esa noche envió aviso de que estaba enferma, pero el rey no aceptó la negativa. Un oficial fue a buscarla; Mara insistió en que estaba en la cama, y el oficial amenazó con llevarse la cama al teatro—así que fue.

En el escenario empezó cantando con descuido, como si quisiera arruinarle la velada al rey. Pero a mitad de la función cambió de golpe: cantó de forma brillante, actuó con intensidad y conquistó al público. El secreto, decían, era el orgullo práctico: no quería que el heredero ruso se marchara con una mala opinión de su arte. Así que, al final, el rey “ganó”.