El accidente de batuta que acabó en amputación

Cada director tiene su gesto característico: unos dibujan círculos en el aire, otros bombean arriba y abajo y algunos se agitan tanto que uno se pregunta cómo se mantiene el compás. Mark Twain bromeó una vez diciendo que mucho de dirigir es puro ‘gesto ornamental’.

Pero para Jean-Baptiste Lully, agitar la batuta tuvo consecuencias reales. Mientras dirigía un Te Deum ante Luis XIV, celebrando la recuperación del rey de una grave enfermedad, Lully notó que la orquesta se volvía insegura en el tiempo. Se exaltó y empezó a hacer gestos enormes. En ese ímpetu se golpeó accidentalmente el propio pie y se hizo una ampolla. En aquella época la ‘batuta’ podía ser un pesado arco de violín, no la varita ligera que imaginamos hoy.

La ampolla se inflamó. Por consejo médico le amputaron primero un dedo, después el pie y, por último, toda la extremidad. Moraleja: directores, cuidado con dónde se os va la mano.