Cuanto mayor el compositor, mayor el estudiante
Los grandes nombres de la música rara vez nacieron “hechos”. Muchos estaban orgullosos de ser alumnos y aprender de maestros.
Las crónicas antiguas incluso señalan una excepción: Franz Schubert. Entre los “inmortales”, dicen, fue el único que no recibió una formación completa en todas las áreas de la composición, y eso se nota. Su inventiva melódica es extraordinaria, pero su desarrollo temático y su técnica contrapuntística son menos firmes. Schubert lo reconoció y se preparó para estudiar contrapunto con uno de los mejores profesores de su época; la enfermedad se interpuso y murió antes de poder aprovecharlo.
Ahí está la idea: los más talentosos solían ser también los más aplicados. Y, sin embargo, hay quienes, con una chispa mínima, creen que no necesitan guía. Si inventan una melodía, se declaran compositores sin conocer la “ortografía y la gramática” de la música.
El autor conoció a un hombre que se jactaba de haber escrito sinfonías, óperas, cuartetos de cuerda y mil cosas más, y de no haber tomado jamás una sola lección. Por un instante piensas que estás ante un Beethoven desconocido. Luego entiendes que estás ante otra cosa.
Más sensato fue un viejo profesor alemán. Cuando sus alumnos decían: “¡Sabe tanto! ¿Por qué no compone?”, él respondía: “¡No, no! No escribiré mi música. ¡Dios mío, ya hay bastante mala música en el mundo!”