Demasiado literal

En la corte, las preguntas amables a veces son solo… amables.

La cantante inglesa Anna Storace cantó en Viena en una gala y recibió muchos elogios. El emperador pasó y le preguntó con cortesía si lo estaba pasando bien y si podía hacer algo por ella.

Storace tomó la frase al pie de la letra. Tranquila, respondió: «Sí, Majestad—tengo mucha sed. ¿Me traerá un vaso de agua?»

Imagínate las caras. El emperador, con buen sentido, no se ofendió: mandó a un asistente que le llevara agua y siguió sonriendo.