Dos dioses… y aun así nada

El pianista Vladimir de Pachmann era famoso por su virtuosismo y por sus excentricidades: gestos, muecas y arrebatos incluidos. Tras un recital en Nueva York, un colega fue a felicitarlo y lo encontró paseándose furioso por el escenario.

«¡Ach Gott! Estos americanos… no entienden la música. Me vuelvo a Alemania. Aquí no saben nada. Yo toco como un dios, ¿y qué hacen ellos?»

El visitante intentó calmarlo: «Sí, sí, señor Pachmann, tocó usted como un dios.»

Pachmann soltó la réplica perfecta: «¿Como *un* dios? ¡Yo toco como **dos** dioses… y aun así no hacen nada!»