Lablache y Tom Thumb
Lablache fue quizá el mejor bajo que haya conocido el escenario: altísimo, robusto, con una cabeza de la que se decía que era “la más fina que jamás adornó un cuerpo humano”. Su voz era enorme y, aun así, estaba bajo un control total. Y además le gustaban las bromas.
Una vez, en París, coincidió en la ciudad con Tom Thumb, el famoso “general” diminuto. Un hombre del campo había venido expresamente para ver al “General” y le preguntó a un bromista cómo llegar al lugar donde se alojaba.
El bromista no lo envió a Tom Thumb, sino a la dirección de Lablache.
El visitante llamó al timbre y lo recibió el propio Lablache. Atónito, alcanzó a decir: “Mil perdones, señor, debe de haber un error. Yo esperaba ver a Tom Thumb.”
Lablache captó la broma al instante y respondió con gravedad: “Señor, no hay error. ¡Yo soy Tom Thumb!”
“Pero… ¿cómo…? ¡Yo creía que Tom Thumb era muy pequeño!”
“Sí, sí”, dijo Lablache. “Ante el público soy pequeño, muy pequeño—solo así de alto”, y sostuvo la mano a unos dos pies del suelo. Luego se irguió a toda su altura y dejó salir su voz profunda: “Pero aquí en casa canto y descanso.”
El hombre se fue lleno de asombro—y plenamente satisfecho.