La historia del violín de Ole Bull
El violín favorito de Ole Bull tuvo más vidas que mucha gente.
Lo había construido el viejo maestro Caspar di Salo. Durante unos 150 años estuvo a salvo en el museo de Innsbruck, colocado allí por un cardenal como gran ejemplo del trabajo de di Salo. Luego llegó 1809: soldados franceses saquearon el lugar. El instrumento fue robado, pasó de mano en mano y terminó vendido a Herr Rhehazek, un funcionario vienés y coleccionista que había invertido casi toda su fortuna en una colección de violines.
Cuando Ole Bull visitó Viena en 1839, vio el instrumento y decidió que debía ser suyo. Rhehazek se negó a vender, pero le prometió algo: si alguna vez salía al mercado, Bull tendría la primera opción—por el altísimo precio de cuatro mil ducados. Bull aceptó.
Dos años después, Bull cenaba en Leipzig con Liszt y Mendelssohn cuando llegó una carta sellada desde Viena: Rhehazek había muerto y su hijo respetaba el acuerdo. Liszt dijo que Ole estaba loco por pagar tanto por un violín que nunca había oído; Mendelssohn lo llamó una extravagancia propia de un violinista. Bull lo compró igual—y con él consiguió algunos de sus mayores triunfos.