Bülow ensaya los silencios

Ver a un buen director ensayar con una orquesta puede ser apasionante—sobre todo cuando el líder es un instructor exigente. Si además tiene mil manías y un temperamento fogoso, la prueba se convierte en espectáculo. Así era Hans von Bülow. Con todas sus excentricidades y arrebatos, fue uno de los grandes directores orquestales de su tiempo.

Había mucha curiosidad por verlo trabajar, pero a Bülow le molestaban los espectadores y solía deshacerse de ellos de una forma u otra. Una vez, unas cuantas señoras lograron entrar en la sala durante un ensayo orquestal. Se acomodaron, esperando un buen concierto y una buena escena.

Cuando llegó Bülow, las vio de inmediato y, con total seriedad, le dijo a la orquesta: «Primero ensayaremos las partes de fagot». Pero los fagotes no tenían ni una nota en los primeros treinta y dos compases—así que Bülow marcó el tiempo solemnemente durante treinta y dos compases completos de silencio. Los fagotes tocaron unos pocos sonidos y luego vinieron sesenta y cuatro compases más de descanso. Bülow siguió dirigiendo la nada.

Antes de que terminara esa larga franja de quietud—más silencio que música—el público ya había tenido suficiente y se marchó discretamente. Solo entonces el director dejó de ensayar pausas y se puso a trabajar de verdad. Después de que la anécdota corrió, Bülow ya no fue molestado a menudo por espectadores auto‑invitados.