En la clase de Bülow

Hans von Bülow tenía fama de ser aún más duro con sus alumnos que Liszt. En las clases de Liszt a veces había lágrimas, pero su encanto podía suavizar la crítica. Con Bülow quedaba, sobre todo, el miedo.

Enseñaba en grupos grandes. Los estudiantes se sentaban y esperaban hasta que Bülow llamaba a alguien sin aviso. El elegido caminaba al piano con angustia, sabiendo que cualquier error podía recibir un comentario cortante—mientras los demás, “sentados sobre alfileres”, respiraban aliviados por no ser ellos.

Un día llamó a una chica inglesa. Nerviosa, tocó de forma torpe, con muchos fallos. Bülow escuchó y soltó una frase que se volvió célebre:

“¡Ach, Gott! ¡Usted toca los pasajes fáciles con una dificultad sencillamente enorme!”