Vino y música

Hay una teoría que reaparece en cualquier buena sobremesa: vino y música parecen ir de la mano.

Mira los grandes países del vino—Alemania, Italia, Francia—y al mismo tiempo tienes tres de las mayores “fábricas” históricas de música. Si desapareciera todo lo escrito fuera de esos lugares, al mundo le quedaría gran parte de lo que llama “música clásica”. Inglaterra y Rusia dieron joyas, sí, pero el argumento antiguo dice que su ausencia no movería el canon entero. Hasta el gran músico de Inglaterra, Händel, era alemán en nacimiento, temperamento, formación y estilo.

Entonces… ¿la afición al jugo de la uva tiene algo que ver con la fertilidad de las ideas musicales? Entre los grandes compositores casi no hay un abstemio convencido: es un ave rara.

Pero también: a varios nombres famosos les habría convenido tomarse en serio el “no toques”. Lully, Mozart y, sobre todo, Schubert pasaron demasiado tiempo con la copa. Los grandes podrían haber vivido sin vino ni cerveza—pero, en la práctica, casi nunca lo hicieron.