Liszt, el “pequeño Mozart”

La infancia de Franz Liszt parece una secuela de la leyenda de Mozart. Su talento apareció muy pronto, y dio su primer concierto público cuando apenas tenía nueve años.

Poco después tocó para un grupo de nobles en el palacio del príncipe Esterházy, donde su padre trabajaba como asistente del mayordomo. La impresión fue tan fuerte que seis nobles prometieron seiscientos florines al año durante seis años para que el prodigio pudiera recibir una educación adecuada.

Entonces Adam Liszt escribió a Johann Nepomuk Hummel—alumno de Mozart—para pedirle clases. Las condiciones de Hummel eran demasiado caras, así que fueron a Viena a buscar a Carl Czerny. Czerny estaba saturado de trabajo y al principio se negó a aceptar otro alumno. El pequeño Franz resolvió el asunto sin rodeos: se sentó al piano y tocó.

Después de escucharlo, Czerny cambió de idea al instante. Lo aceptó como alumno—y, impresionado por el genio, se negó a cobrarle nada.

Unos años más tarde, en París, al niño de once años lo llamaron “el pequeño Mozart”. Un crítico llegó a decir que ahora creía en la transmigración de las almas, porque el espíritu de Mozart debía de haber vuelto en el cuerpo del joven Liszt.