El recibimiento que no recibió
Una vez se preparó un recibimiento grandioso para Adelina Patti… que al final no llegó a ocurrir. Se esperaba que arribara a Nueva York en un vapor transatlántico concreto, y su representante quiso que toda la ciudad lo supiera.
Fletó dieciséis grandes remolcadores, los adornó con banderines y los dispuso a ambos lados del barco cuando entrara en el puerto. Las sirenas de vapor debían aullar, las bandas militares tocar, en Sandy Hook debía sonar una salva de veintiún cañonazos y el coro de la ópera cantar una cantata escrita para la ocasión por Arditi.
Pero la niebla lo echó todo a perder: el vapor no fue visto hasta que casi estaba en su fondeadero. Patti desembarcó sin que nadie se diera cuenta, tomó un coche y se fue al hotel.
Luego bromeó: estaba ‘tan feliz como si veinte barcos hubieran bajado por la bahía para recibirme’.