THE MUSIC BUT NOT THE FACE

Los grandes compositores solían tener memoria de acero para la música… y una memoria muy humana para lo demás. Rossini era famoso por reconocer caras pero olvidar nombres. Una vez se encontró con el compositor inglés Sir Henry Bishop, lo reconoció al instante y empezó: «¡Oh! mi querido señor…» y se quedó en blanco.

En lugar de fingir, Rossini improvisó la solución más musical: se puso a silbar uno de los coros de Bishop («When the Wind Blows») para demostrar que recordaba a la persona, aunque el nombre se le hubiera evaporado. Si alguien te silba tu propia obra en la cara, es un elogio que no se discute.