El lío del ‘Erlkönig’ de Schubert
Los primeros años de Franz Schubert fueron una miseria peculiar: mucho talento, poco dinero y casi nadie escuchando.
En 1817 los editores de Leipzig Breitkopf & Härtel recibieron desde Viena un manuscrito con una versión musical del «Erl‑King» de Goethe, firmado «Franz Schubert». Se quedaron fríos. Para ellos, Franz Schubert vivía en Dresde, era compositor eclesiástico real, un hombre respetable de 49 años—¿qué tenía que ver con Viena y con reyes élficos?
Reenviaron el manuscrito al Schubert de Dresde pidiendo explicaciones. Él contestó indignado: jamás había compuesto esa cantata y prometió descubrir al sinvergüenza que había enviado aquel “remiendo” y usado su nombre.
No se sabe si los editores rechazaron de inmediato el «Erlkönig» del Schubert verdadero. Lo que sí se sabe: Schubert lo compuso en 1816, y no se imprimió hasta febrero de 1821, cuando apareció en la primera parte de sus Lieder. A veces vendía canciones por casi nada—hasta por unas diez peniques cada una—y cuando los editores se negaban a publicarlas, sus amigos pagaban de su bolsillo la impresión.