La opinión caprichosa de Leoncavallo sobre sus «Payasos»

A los compositores no siempre les gustan las bromas a su costa—menos aún si la broma los deja como plagiarios. Ruggero Leoncavallo, sin embargo, juraba que esta historia era demasiado buena para guardársela.

Estando en la ciudad de Forlì, supo que se iba a representar su ópera *Pagliacci* («Payasos»). Decidió asistir de incógnito; casi nadie sabía que él estaba allí.

En el teatro se sentó junto a una joven vivaz y entusiasta. Al ver que él no aplaudía con el resto, ella se volvió y le preguntó por qué.

Leoncavallo, divertido, respondió que la obra en realidad le molestaba—que era el trabajo de un simple principiante. Ella le espetó que entonces no entendía de música. «Oh, no», dijo él, y comenzó a “ilustrarla” destrozando la ópera: este motivo, tarareó, está tomado; aquella aria está robada de Bizet; y esta idea viene directa de Beethoven.

Su vecina escuchó en silencio, con una expresión de lástima. Al final le preguntó si de verdad esa era su opinión. «Totalmente», contestó. «Bien», dijo ella, y se marchó.

A la mañana siguiente Leoncavallo abrió el periódico y se quedó helado: el titular venía a decir «Leoncavallo sobre su *Pagliacci*», seguido de un reporte completo de la conversación—correctamente atribuido. Había pasado la noche criticando su propia ópera… ante una reportera.

Dicen que juró no volver a hacer comentarios despectivos sobre sus obras delante de jóvenes vivaces—por muy encantadoras que parezcan.