Cincuenta mariscales, pero un solo Paisiello

El compositor italiano Giovanni Paisiello estaba al servicio de la emperatriz Catalina II en Rusia. En la corte era objeto de envidia. Un día, durante el ensayo de una de sus óperas, un mariscal, devorado por los celos, lo golpeó.

Paisiello perdió los nervios y devolvió el golpe, dándole al oficial una buena paliza. El mariscal, furioso, corrió a quejarse ante la emperatriz. Esperaba que castigaran al músico insolente.

Catalina lo escuchó y respondió con fría sensatez: «¿Un mariscal? ¡Bah! Puedo hacer cincuenta mariscales. Pero no puedo hacer un Paisiello».