Prejuicio
A nadie le gusta que lo obliguen a tragarse sus palabras, sobre todo si ya ha soltado su opinión en voz alta. Los músicos y los críticos no son la excepción.
Durante la famosa rivalidad entre las cantantes Henriette Sontag y Maria Malibran, Sontag tenía un problema incluso antes de cantar: era alemana. Los partidarios de su rival aseguraban que el “verdadero” canto solo podía ser italiano —o de la escuela italiana—, así que una alemana, por definición, no podía cantar bien.
El prejuicio era tal que Federico el Grande, cuando le pidieron que escuchara a la célebre Mara, replicó: “¿Una cantante alemana? ¡Preferiría disfrutar con el relincho de mi caballo!”
Un crítico italiano, que jamás había oído a Sontag, fue persuadido para asistir una noche. Tras escuchar un rato, se levantó y se dispuso a irse.
“¿Ya te vas?”, le dijo su amigo. “Quédate un poco más y te convencerás de que una alemana puede cantar.”
“Lo sé”, contestó el italiano. “Por eso me voy.”