El Beethoven sordo
Dos de las imágenes más tristes de la historia de la música son el Beethoven sordo y el Händel ciego.
Beethoven pasó años sin oír una sola nota—y aun así, en ese tiempo, creó algunas de sus obras más poderosas.
En el primer estreno de su Novena Sinfonía, él mismo dirigió. Pero no podía oír ni a la orquesta ni al coro. Cuando al final estalló el aplauso, Beethoven ni se enteró—hasta que la contralto solista lo giró hacia el público para que pudiera ver las manos aplaudiendo.
Fue un momento conmovedor: el hombre que dio música a la gente, obligado a *ver* el aplauso que ya no podía escuchar.