Compositores testarudos

A los grandes compositores a menudo se les llama “testarudos” porque se niegan a escribir según el gusto de su época. A veces esa terquedad es lo que salva la obra: el público puede ser miope, los críticos se equivocan y la verdadera innovación suele llegar antes de tiempo.

Pero también hay un punto intermedio—pequeños ajustes prácticos que no rebajan el arte, pero hacen posible la interpretación. Cuando un compositor no lo ve (o no quiere verlo), el precio puede ser alto.

Schubert tuvo una vez la oportunidad de conseguir un codiciado puesto como director de ópera. Necesitaba el dinero. Para ganarse el cargo debía componer y dirigir cierta música a satisfacción de los responsables. Sin embargo, su partitura era tan difícil que un pasaje no salía en los ensayos. Le pidieron que lo simplificara para los cantantes.

Schubert se negó. Tras dos ensayos el problema empeoró y, en el ensayo general, todo se vino abajo justo allí. El gerente pidió de nuevo revisiones. Schubert cerró la partitura de golpe y gritó: “¡No cambio nada!” Y se marchó—con su oportunidad detrás.