Un episodio en la vida de un artista

Tras muchos años de penurias vagando por el mundo teatral con su malhumorado padre, Carl von Weber encontró por fin un trabajo más estable: fue secretario privado del duque Ludwig de Württemberg, hermano del rey Frederic.

El duque era un gran derrochador. Cuando se quedaba ‘sin un duro’, Weber debía ir al rey a conseguir otra asignación. Era una misión ingrata, porque el rey era tosco y colérico, y el joven secretario lo sufría en primera persona.

Un día, tras un trato especialmente insultante, Weber salió hecho una furia jurando que no volvería. En el pasillo se topó con una anciana desaliñada que le pidió que la guiara hasta la lavandera real. Aún hirviendo de la rabia que había tenido que ocultar ante el rey, Weber señaló la puerta de los aposentos privados del monarca y dijo: «Ahí».

La anciana entró, no reconoció al rey y le dijo que el joven de fuera le había asegurado que allí encontraría a la lavandera. El rey estalló, la insultó, llamó a un oficial y ordenó que encerraran a Weber.

Al poco lo soltaron, pero la ira real lo persiguió. Más tarde, justo cuando Weber iba a estrenar su ópera ‘St. Sylvana’ y estaba a punto de tener éxito, el rey mandó detener de nuevo a Weber y a su padre. Tras un juicio farsa presidido por el propio rey, se dictó la pena de destierro.

Weber abandonó Württemberg con gusto y, después de este desagradable episodio, se dedicó a componer y a producir aquellas óperas románticas que hicieron famoso su nombre.