Un sacerdote musical
No todos los sacerdotes son musicales y, por raro que parezca, no todos los músicos son especialmente religiosos.
Un escritor entrevistó una vez a un sacerdote sobre los signos musicales en un antifonario y un breviario, y lo encontró completamente perdido: valores rítmicos, indicaciones de altura, signos básicos… nada. Al mostrarle un breviario fechado en 1692, se vio que la notación era prácticamente la misma que la de hoy. El clave de do, que puede parecer dos notas cuadradas unidas, lo desconcertó tanto que preguntó cómo esperaban que un hombre cantara dos notas a la vez.
Un sacerdote muy distinto fue Antonio Vivaldi, violinista y compositor. Mientras oficiaba misa, se le ocurrió una idea musical; temiendo olvidarla, dejó el altar, fue a la sacristía, la apuntó rápidamente y volvió para continuar el oficio.
Sus superiores le prohibieron seguir en el servicio sacerdotal. Sin embargo, el obispo lo restituyó más tarde, excusando la falta con el argumento de que, “siendo músico, no debía de estar en su sano juicio”, una conclusión más amable con el obispo que halagadora para los músicos en general.