Un sombrero lleno de perlas
Jenny Lind recibía muchos cumplidos, y pocas cantantes los merecían tanto. Algunos admiradores la elogiaban con tal exceso que a ella le gustaba bromear con ellos cuando podía.
Luigi Lablache, el gran bajo, la oyó por primera vez y, buscando el mejor elogio posible, declaró: ‘cada nota era una perla’.
Tiempo después coincidieron en un ensayo. Lind le pidió prestado el sombrero. Él se lo dio con toda cortesía, aunque sin entender por qué.
Ella se apartó unos pasos, llevó el ala del sombrero a los labios y cantó dentro de él unas cuantas frases melódicas. Luego volvió y le ordenó que se arrodillara para recibir un ‘regalo real’. No le quedó más remedio que obedecer el capricho de la diva.
Sonriendo, le explicó que le estaba concediendo una fortuna incalculable—porque, según sus propias palabras, le estaba entregando un sombrero lleno de perlas.