THE » DEAR SAXON.»
La etapa italiana de Handel le dio un apodo. A los italianos les fascinaba tanto que lo llamaban *il caro Sassone*—«el querido sajón».
En Venecia entró en una rivalidad amistosa con Domenico Scarlatti. Se retaban una y otra vez al teclado, y el veredicto quedó para la historia: Scarlatti era el rey del clave, pero Handel se llevaba la palma en el órgano.
Más tarde invitaron a Handel a un baile de máscaras. En un momento se sentó al clave y empezó a improvisar con tal maestría que la sala se quedó en silencio. Scarlatti entró disfrazado, escuchó un instante y soltó la única conclusión posible: «¡Es el diablo… o el sajón!»
Handel se ganó esa fama con solo veintiún años.