Dolor de garganta operístico
Los empresarios de ópera aprenden rápido que un «resfriado» puede ser tan estratégico como médico.
Ronconi y su esposa cantaban en la misma compañía. Cada vez que ella se irritaba—porque la habían repartido con alguien que no le gustaba, o porque la omitían del reparto—Ronconi sufría de pronto un misterioso problema de garganta. Enviaba una nota diciendo que le era sencillamente imposible cantar.
Una noche, tras otra de esas notas, el empresario se presentó en casa del «enfermo» acompañado de un médico. Ronconi los recibió con un susurro hueco. El empresario, que conocía las dotes actorales del tenor, no discutió: mostró su simpatía y condujo la conversación, con toda naturalidad, hacia temas que sabía que interesaban al cantante.
A los pocos minutos Ronconi se olvidó de susurrar y hablaba con su voz plena y natural. Cuando se lo señalaron, tuvo lista la explicación: la cura milagrosa se debía, por supuesto, a la mera presencia de un médico tan excelente.
Esa noche cantó—y con más energía de lo habitual.