El beso de Beethoven
En 1823, el joven prodigio Franz Liszt, con solo doce años, daba un concierto. A petición de Anton Schindler, Beethoven fue a escucharlo y a animarlo.
Cuando Liszt salió al escenario y vio a Beethoven en la primera fila, no se amilanó: al contrario, se inspiró. Tocó con fuego y abandono. Tras la ovación, Beethoven subió al escenario, alzó al muchacho en brazos y lo besó en ambas mejillas.
Liszt nunca lo olvidó. Contaba la escena con orgullo, como si aquel beso fuera el sello de Beethoven: una confirmación de grandeza.