Viotti y el violín de hojalata
Dicen que sin Giovanni Battista Viotti quizá no habría existido Paganini. Viotti moldeó la técnica moderna del violín—sobre todo el arco—con un estilo de nobleza, amplitud, belleza de sonido y fogonazos de fuego y agilidad. Paganini más tarde construyó sobre esos cimientos.
Viotti era conocido no solo por su independencia, sino también por su bondad. Una noche, paseando con un amigo por los Campos Elíseos de París, oyó un sonido extraño, a medio camino entre violín y clarinete. En la oscuridad encontraron a un anciano ciego “tocando”.
El instrumento era un violín de hojalata. El hombre era muy pobre; no podía comprar uno de verdad, así que su sobrino, hojalatero, le había fabricado aquel sustituto. Viotti quiso comprarlo, pero el viejo no aceptó si no le pagaba lo suficiente para conseguir un violín nuevo.
Para demostrar lo que podía hacer, Viotti tomó el violín de hojalata y tocó él mismo—de maravilla. Los transeúntes se pararon, el amigo extendió un sombrero y el dinero empezó a caer. Al ver la suma, el anciano suspiró diciendo que no sabía que el instrumento valía tanto y que debía haber pedido el doble. Viotti se rió—y le pagó el doble.
Tras la muerte de Viotti en Londres, se vendieron sus cosas, y el violín de hojalata, que en manos del maestro había sido una curiosidad, se subastó por solo unos chelines.