Cómo hacer cantar a un cantante
Hay muchas maneras de convencer a un cantante terco. John Abell—célebre tenor en tiempos de Carlos II—conoció una de las más imaginativas.
Abell, derrochador por naturaleza, viajó por Europa para recomponer su fortuna. Al llegar a Varsovia, su fama lo había precedido y le ordenaron cantar ante el rey y la corte. Abell se negó.
El rey le mandó presentarse al día siguiente, bajo pena de prisión. Abell acudió y lo sentaron, con toda cortesía, en una silla en el centro de un gran salón.
Entonces, sin aviso, un mecanismo elevó la silla a gran altura. El rey y los cortesanos observaban desde una galería y soltaron varios osos en la sala de abajo.
Abell tuvo que elegir: cantar o ser bajado entre las bestias. Cantó—tan bien, dice la historia, que en un ambiente más amable habría hecho fortuna.