AN UNTALENTED ROYAL PUPIL,

Luis XII adoraba la música, pero su voz (y su lectura musical) no estaban a la altura. Cuando intentaba cantar, los presentes aguantaban más por cortesía que por placer. Al final se cansó de luchar con el repertorio normal y ordenó a Josquin, su maestro de capilla, que escribiera algo que el rey pudiera cantar de verdad.

Josquin le entregó una pieza a cuatro voces con canones ingeniosos para los profesionales… y, para el monarca, una línea que se quedaba en una sola nota durante toda la obra. Tras mucha práctica, el rey “subió de nivel” a dos notas: tónica y dominante, alternándolas. Es casi una advertencia para cualquier profesor de canto: hay alumnos que se niegan a rendirse, incluso cuando la naturaleza ya ha dicho claramente que no.