«Palabras» vs música

Hoy esperamos que un compositor parta de un buen texto y lo “pinte” con sonido. Pero a comienzos del siglo XVIII muchos trataban las palabras casi como envoltorio. El contrapunto—la música como matemáticas—era lo principal. La pregunta no era “¿encaja con el poema?”, sino “¿es buena música?”

Hasta Händel podía ser implacable. Una vez alguien se atrevió a aconsejarle qué tipo de música debía poner a ciertas palabras. Händel estalló:

“¿Qué! ¿Tú me enseñas música? Mi música es buena música. ¡Al diablo tus palabras! Mira: aquí están mis ideas; ve tú y ponles palabras.”

Y, aun así, en sus obras mayores—sobre todo los oratorios—Händel escogía con cuidado textos de la Biblia, y en muchos casos la música encaja de forma bellísima con el sentido.