Bach copiando a la luz de la luna

El apellido Bach llegó a ser tan sinónimo de música que un dicho antiguo afirmaba que había “doscientos cuarenta y siete músicos llamados Bach”, más de cincuenta de ellos destacados. En algunos pueblos alemanes, “los Bach” significaba simplemente “los músicos de la ciudad”. Y cuando se decía “Bach”, se pensaba sobre todo en uno: Johann Sebastian.

Tras perder a sus padres a los diez años, Sebastian fue enviado desde Eisenach a vivir con su hermano mayor Johann Christoph en Ohrdruf. Estudió con disciplina, practicó sin parar y memorizó muchísima música. Pero pronto quiso piezas más difíciles.

Su hermano tenía un libro manuscrito con obras de maestros como Buxtehude, Frohberger, Pachelbel y otros—y lo guardaba bajo llave. Sebastian rogó que se lo prestara. La respuesta fue no.

Entonces el niño hizo algo extraordinario. Por la noche, a través de la celosía de la puerta del armario, apenas podía alcanzar las páginas. A la luz de la luna, durante seis meses, copió en secreto el libro entero, devolviendo siempre el original a su sitio para que nadie notara la falta.

Cuando su hermano descubrió la copia, se la quitó y—en un gesto de dura disciplina—se dice que la destruyó ante sus ojos. Debió doler, pero la determinación que había detrás nunca lo abandonó.