Sigue insistiendo
No hay atajo hacia la virtuosidad: solo práctica obstinada e interminable. La historia del violinista Lolli lo resume en un arco perfecto.
Cuando Lolli llegó a Stuttgart se encontró con un rival: Nardini, tan superior que Lolli se sintió completamente eclipsado. En vez de fingir que no importaba, hizo algo honesto—y extremo. Pidió a su príncipe patrono un año de permiso, diciendo que iba a viajar. En realidad se retiró a un pequeño pueblo y se dedicó al trabajo poco glamuroso: horas y horas con el instrumento, día tras día, hasta que pasó el año.
Cuando volvió a Stuttgart, el cambio era evidente. Su interpretación había ganado brillo y fuerza, y el rival que antes lo superaba fue el que tuvo que buscar otros escenarios.
A otro violinista célebre, Giardini, le preguntaron cuánto se tarda en tocar bien el violín. Su respuesta fue práctica, sin poesía: “¡Doce horas al día durante veinte años!”
Si buscas el “secreto”, es ese: seguir insistiendo sin parar.