Cómo asegurar un debut exitoso

Un debut puede depender del talento… o de cómo responda la sala. A veces los enemigos organizan una camarilla para hundir a una cantante. Otras veces los amigos —o un mánager— inclinan la balanza a su favor.

Cuando la soprano sueca Christine Nilsson fue presentada por primera vez al público inglés, era casi desconocida. Su empresario, el coronel Mapleson —uno de los gestores de ópera más célebres de su época— estaba seguro de haber encontrado una joya. Pero también sabía el riesgo del aplauso contratado: si llega a destiempo (demasiado pronto, demasiado tarde o para la persona equivocada), puede volverse en contra y arruinar la noche.

Así que lo coreografió todo.

Mapleson contrató a unos veinticinco barqueros del Támesis y los repartió por el teatro con entradas. Las instrucciones eran claras: **no** aplaudan a la dama del vestido rosa que aparece en el primer acto. Guarden la ovación para Nilsson. Y después del primer acto, les prometió un chelín por cada vez que su aplauso hiciera subir el telón de nuevo.

La jugada salió bien. Se evitó el desastre, los hombres del río ganaron cinco o seis chelines esa noche, y Nilsson obtuvo lo esencial: una audiencia dispuesta a escuchar. Una vez que el público la oyó de verdad, su propio talento hizo el resto —con la ayuda de la astucia de Mapleson y unas manos muy curtidas.