Dame los ducados
Muchos grandes compositores tenían poca paciencia para medallas y cintas. La Universidad de Oxford nombró a Haydn Doctor en Música—uno se imagina cómo habría recibido Beethoven esa pompa.
Su actitud quedó clara cuando el embajador prusiano en Viena le ofreció elegir entre cincuenta ducados en efectivo o las insignias de una alta orden. Beethoven no dudó: «Deme los ducados».
Jean‑Philippe Rameau era igual de indiferente a los honores. Luis XV le concedió la Orden de San Miguel. Al saber el rey que Rameau ni siquiera la había registrado ante el funcionario correspondiente, supuso que era por el costo de las tasas y ofreció pagarlas. Rameau agradeció el gesto—y luego pidió el dinero: podía darle mejor uso.
Mozart también habría preferido quizá el efectivo a órdenes, anillos y cajas de rapé de oro. Lo colmaron de esos regalos, y aun así a menudo apenas tenía ingresos suficientes para que su familia viviera con comodidad. El autor remata con ironía: hoy el artista recibe más dinero, y menos cajas de rapé.