LA HISTORIA SE REPITE

Dicen que la historia se repite, y las anécdotas musicales lo demuestran a la perfección. Claro, eso supondría que nadie recicla historias viejas y se las cuelga a nuevas celebridades… ojalá. Aun así, las coincidencias pueden ser increíbles.

Munsey’s Magazine (diciembre de 1893) registró un “incidente conmovedor” de Madame Melba, que entonces cantaba en Nueva York, aunque el año anterior había estado en Palermo.

Durante una función de Lucia, Melba se cambiaba de vestuario entre actos cuando una dama entró en su camerino. Tras elogiar su canto, la visitante levantó unos mechones de pelo de Melba, sueltos sobre los hombros, y preguntó: «¿Es todo suyo?»

Satisfecha, dijo que no tenía una corona de flores para ofrecer, así que le haría una con su propio cabello… y lo hizo, tarareando uno o dos compases mientras trenzaba.

El giro: la visitante era nada menos que Christine Nilsson.

Al autor le sonó sospechosamente “antigua”, y encontró una versión anterior en un libro inglés:

En 1835, durante la segunda visita de Madame Persiani a Nápoles, ocurrió casi lo mismo, otra vez con Lucia. Entre actos, mientras Persiani se cambiaba, una dama entró, la elogió, tomó su largo cabello rubio, preguntó si era suyo de verdad y, al confirmarlo, dijo que no tenía flores; por eso trenzaría una corona con sus propios rizos.

Y lo hizo.

El corazón de Persiani latía de orgullo, porque la dama era Malibran, “la mayor cantante del momento”.

Otro lugar, otra década, otra diva… la misma historia, casi nota por nota.