VIOLIN COLLECTORS

Coleccionar violines siempre tuvo dos caras: preservar… y acaparar.

Paganini, según se cuenta, tenía una pequeña “galería” de tesoros italianos—Strads, Amatis, Guarneris. A uno de sus Guarneri lo quería tanto que se lo regaló a la ciudad de Génova con una condición: mantenerlo a salvo del “toque profanador” de futuros intérpretes.

Y luego están los mega‑coleccionistas que ni siquiera tocan.

Un millonario de Birmingham, Gillott (fabricante de plumas), habría acumulado cientos de instrumentos. Tras su muerte, en una sola sala de su fábrica se hallaron violines por más de **£40.000**—y en otras, violonchelos y contrabajos. Un cofre de sonido… en silencio.