COSTLY ADMIRATION
Jenny Lind—«el ruiseñor sueco»—no tuvo solo fans en Estados Unidos. Tuvo *fiebre colectiva*. Admirarla era casi un deporte social.
Una noche en Baltimore le dieron una serenata popular delante del hotel. Lind salió al balcón para saludar, y los vítores se desataron. En medio del alboroto, se le cayó un chal valioso.
Mala idea.
La multitud lo agarró al instante, lo rompió en pedacitos y se llevó los trozos como recuerdo.
Sí, es halagador ser así de querida. Pero si no vendes merchandising… no es precisamente rentable.