A GREAT QUARTET
A principios del siglo XIX, la ópera tenía un auténtico «súper equipo»: Rubini, Tamburini, Mario y Lablache. Rubini atacó un si bemol agudo con tanta fuerza que se rompió la clavícula—y aun así terminó la función. Tamburini salvó la noche cuando faltó la prima donna: se puso su vestuario y cantó su parte en falsete. Mario era de verdad un conde italiano que cambió el título por el escenario, y el bajo Lablache era tan fuerte que, cuando el argumento lo pedía, se llevaba a otros cantantes del escenario bajo el brazo.