Field engañado

En 1822 el célebre pianista‑compositor Johann Nepomuk Hummel llegó a Moscú con el séquito de una gran duquesa. Lo aclamaban por todas partes—pero algo le molestaba: John Field, el pianista más famoso de Rusia, no había ido a saludarlo.

Así que Hummel fue a casa de Field. Field estaba dando clase, y el visitante tuvo que esperar. Hummel—bajo, robusto, vestido sin lujo—parecía un campesino alemán; Field, en cambio, era elegante y cortesano.

Al terminar la lección, Field preguntó con brusquedad qué quería. Hummel respondió modestamente que amaba la música, entendía un poco y había venido a escucharlo. Divertido por aquel supuesto admirador rústico, Field se sentó y tocó varias de sus piezas con refinamiento.

Luego Field quiso bromear: insistió en que el visitante debía tocar también. Hummel alegó que nunca tocaba sin partituras, que solo trasteaba algo en el órgano. Field no cedió. Hummel se sentó, tomó uno de los temas de Field y lo convirtió en una fantasía deslumbrante, llena de técnica y expresión.

Field se levantó de un salto, lo agarró por los hombros, lo sacudió y lo abrazó: “¡No puedes engañarme! Eres Hummel. Nadie más improvisa así.” Desde entonces, fueron grandes amigos.