El minueto del “buey”

Muchos títulos musicales no tienen ningún sentido. A veces son puro marketing—un intento del editor por vender más. Y otras veces el nombre nace de un incidente tan azaroso como este.

Un día Joseph Haydn recibió la visita de un carnicero. Le dijo que él y su hija admiraban la música de Haydn. La joven iba a casarse pronto, y el padre, muy atrevido, pidió que Haydn escribiera un minueto para la boda.

El amable “Papá Haydn” aceptó. A los pocos días el carnicero volvió a recoger la partitura.

No mucho después, Haydn oyó ese mismo minueto tocado bajo su ventana. Miró afuera y vio una pequeña banda formando un círculo alrededor de un gran buey, adornado con flores.

El carnicero se acercó y le regaló el buey a Haydn. Por una música tan excelente, dijo, el compositor merecía el mejor buey que él tenía. Y desde entonces aquel pequeño minueto se conoció como el “Minueto del Buey”.