Una cantante ingeniosa

Sophie Arnould era famosa en Francia por dos cosas: cantaba de maravilla y tenía una lengua afiladísima.

Un día, paseando, se cruzó con un médico amigo que llevaba una escopeta bajo el brazo. Comentó que iba a ver a un paciente.

Arnould miró el arma, luego a él, y soltó: “Ah, doctor… ¿teme que su tratamiento habitual no vaya a funcionar?”