POR QUÉ DEBERÍAMOS CANTAR

La mayoría coincide en que cantar no es solo entretenimiento: también es bueno para el cuerpo. Hay largos ensayos eruditos que lo argumentan. Pero cuesta superar el encanto y la practicidad del texto “Reasons briefly set down… to persuade everyone to learn to sing”, publicado por William Byrd en 1588 en su Psalmes, Sonets, and songs of Sadnes and Pietie.

El alegato de Byrd a favor del canto, en palabras de hoy, sería:

1. Es fácil de enseñar y rápido de aprender, si hay buen maestro y alumno dispuesto.
2. Cantar es agradable por naturaleza y ayuda a conservar la salud.
3. Fortalece el pecho y “abre los conductos” (es decir, ayuda a la voz y a la respiración).
4. Es un remedio notable para el tartamudeo y los tropiezos al hablar.
5. Mejora la pronunciación y ayuda a ser buen orador.
6. Revela si la naturaleza te dio una buena voz —un don raro, “no uno entre mil”— y evita que se pierda por falta de práctica.
7. Ningún instrumento se compara con las voces humanas cuando son buenas y se mezclan bien.
8. Cuanto mejor la voz, mejor para honrar y servir a Dios, que es el uso más alto de la voz humana.

Y Byrd termina con un deseo sencillo:
Si cantar es tan bueno para nosotros, le gustaría que todos aprendieran a hacerlo.